
Raws: Kat
Traducción: Kim
Corrección: Zue
Celestine abrió los ojos de par en par. Entonces, agitó la cabeza rápidamente.
—No, está bien. Tengo dinero por parte de los padres de Rose.
—Su casa está en las mismas condiciones que la nuestra, ¿cuánto te dieron? —Selena pasó una mano por su cabello. —No estaré en casa por un mes a partir de pasado mañana. Es por eso que tengo más dinero para dejarte. Vive con eso, puedes hacerlo, ¿verdad? —Respondió rápidamente.
—¿Crees que soy un niño? Claro que puedo. Y no te preocupes por el dinero, tengo ahorros.
—Cuando Rose se despierte, deberá casarse. —Celestine agachó la mirada por un momento, era algo en lo que no había pensado antes.
—Este dinero funciona como fondos para el matrimonio. No sabes cuándo o cómo tendrás que usarlo.
Celestine frunció el ceño.
—¿Por qué dices eso de repente?
—¿No quieres que tu hermana se vaya tranquila?
—Hermana. —La miró fijamente.
Varias personas sufrían por su culpa, por sus malas decisiones, por su estupidez… Celestine pasó saliva.
—No digas esas cosas, me asustas.
Selena lo miró de la misma forma.
Fue su padre quien la llevó a querer encontrar estabilidad y vivir en este mundo, mientras que Celestine era su motor y motivación.
Cada vez que lo veía sonreír, hablar, hasta llorar. Cada vez que cuidaba de él o lo veía caminar detrás de ella diciendo “hermana, hermana”.
Para Seo Eunha, quien creció sin la compañía de padres o hermanos, su sola existencia era suficiente para jurarle a su padre cuidar de Celestine.
Pero…
«¿Cuándo creciste tanto?»
Su hermano pequeño, a quién recordaba como un pequeño bebé, ahora era un adulto.
Un repentino sentimiento de orgullo la invadió, llevándola a acariciar la cabeza de Celestine.
—Está bien. Como sea, no estaré aquí a partir de pasado mañana, así que debes cuidarte por tu cuenta.
—Sí, no te preocupes. —Celestine sonrió ligeramente, aceptando el tacto. Entonces, se giró para observar la habitación donde estaba Evan. —Por cierto, ¿qué pasó en la habitación hace un rato? Hubo mucho ruido.
—Oh. —Inmediatamente, Selena siguió. —Padre abrió los ojos por un segundo.
—¿Qué?
—No, no fue mucho. Volvió a dormirse en un instante. —Añadió, tomando a Celestine que estaba a punto de avanzar. —Reconoció a Su Alteza.
—…De verdad. Nació como un caballero. —Murmuró, sonriendo hacia abajo.
Selena, mirándolo, continuó.
—Y… —Entonces, tomó la espada ajustada a su cintura. —Me la dieron… Como reconocimiento.
Los ojos de Celestine se expandieron, porque nunca podría imaginar algo así. Quería preguntarle el por qué.
Una parte suya quería admitir que también deseaba tomar la espada.
… Pero…
No sentía que estaba calificado para hacerlo. Nunca se atrevería a decir esas palabras, no permitiría que su resolución se viera afectada. Es por eso que Celestine logró controlar sus emociones.
—Celestine.
—No, no. No digas nada. —Sonrió débilmente. —Nunca te he derrotado. Esa espada la mereces tú. Yo, solo… Lo siento. Lamento añadir un peso a tus hombros, hermana. —Terminó, agitando la cabeza.
Selena contuvo la respiración por unos segundos, observando a Celestine.
Podría estar celoso, pero era algo bueno verlo aliviar sus sentimientos tranquilamente. Era algo maduro de su parte analizar sus emociones en lugar de recurrir al enojo. Es por eso que Selena no pudo evitar acariciar su cabello una vez más.
—Supongo que te enseñé bien, ¿no es así?
—… Sólo eres dos minutos mayor que yo.
—¿Es eso un no? —Selena volvió a revolver su cabello y le dio un golpecito en la frente. —Cuida de la casa. Cuando vuelva, prepararé tu comida favorita.
Celestine sonrió brillantemente y asintió. Sin embargo, había una sutil tristeza en su gesto.
* * *
Cuando la tarde se volvió noche, Ignis llegó a la mansión de Enoch. El mayordomo lo recibió y lo invitó a ingresar.
Al observar el interior, igual de lujoso que el Palacio Imperial, Ignis dejó salir una risa amarga.
¿Cómo se atreve a decir que está de su lado cuando recibe estas cantidades del Emperador y está dispuesto a recibir más?
¿Qué pasaría si apuñala a Enoch por la espalda? ¿Estaría satisfecho? ¿Se arrepentiría de su decisión?
Ignis sonrió y cruzó las piernas.
En realidad, no vino para encontrarse con el duque Enoch. La verdadera razón…
—¿Puedo pasar? —Una suave voz se hizo paso entre los espacios de la puerta.
Ignis se acomodó en el sofá y respondió.
—Adelante.
Tan pronto como terminó de hablar, la puerta se abrió. No era nada más y nada menos que Illea quien entró a la habitación.
Su atuendo no era tan elegante como el de él, tampoco llevaba el rostro adornado con maquillaje, ni siquiera levantaba la cabeza. Sin embargo, eso no significaba que su presentación estuviera fuera de lo formal.
Illea sonrió y tomó asiento frente a Ignis.
—Por favor, comprenda esta bienvenida. No hemos tenido tiempo de prepararnos debido a lo repentino de la visita.
—Espero que no se refiera a mí.
—Si no es Su Majestad, ¿quién más podría ser? —Illea cubrió su boca y sonrió.
Ignis río, como si fuera absurdo, y negó con la cabeza.
—¿No hay necesidad de arreglarse?
—Cierto, soy perfecta incluso sin mucho esfuerzo.
—Quiero decir, es bueno estar cómodo. Claro que vine en uniforme para encontrarme con la señorita.
—Es mejor cuando un hombre se arregla.
No perdía el ritmo de la conversación. Ignis observó el comportamiento de Illea y recordó a Celestine. Eso es porque su escolta tampoco se quedaba atrás.
Ahora que lo pensaba, había mucho en común entre Illea y Celestine. El tono de voz, la personalidad e, incluso, la hermosa apariencia.
«Es gracioso».
Estar frente a una mujer y pensar en un hombre. Ignis agitó la cabeza, intentando ahuyentar esas ideas.
—Entonces, ¿por qué vino a buscarme, Su Majestad?
Viendo que estaba yendo directo al grano, Ignis se irguió.
—Partiré rumbo a Heath dentro de poco.
—Sí, escuché tal cosa de mi padre. Supongo que Sir Evan irá con usted, ¿no es así?
—Se trata de mi escolta, ¿por qué no lo haría?
—Es una pena.
Ignis chasqueó la lengua, frunciendo el ceño ante la extraña molestia.
¿Por qué le enojaba? Pensó dentro de sí, pero no hallaba respuesta.
Suponía que era porque su prometida, Illea, rebajó a su escolta frente a él.
Organizando sus pensamientos, habló.
—Creo que es inapropiado hablar sobre otro hombre frente a tu prometido.
—¿Ya piensa de mí como su prometida? Si ese es el caso, no creo que haya sido correcto haberme dejado sola en el banquete.
—¿No bailaste con Celestine?
—¿Eso quiere decir que me dejará en manos de Sir Evan?
—Señorita.
—Comprendo. Continúe con lo que tenía que decir. —Illea levantó ambas manos.
Ignis suspiró y siguió hablando.
—Me tomará cerca de un mes regresar. Si llegase a haber un retraso, no pasará de los dos meses. —La miró a los ojos. —Quiero organizar la boda tan pronto regrese.
Los labios de Illea se torcieron, intentando contener su risa burlona.
—Es gracioso.
Frunciendo el ceño, Ignis preguntó.
—¿Qué quieres decir?
—Su Alteza no lo sabe.
—¿A qué te refieres?
—No tengo interés en decírselo. —Sonrió. —¿Irá con Sir Evan?
—Así es.
—¿Aun así se casará conmigo?
—¿Qué quieres decir? —Preguntó Ignis
Illea frotó su frente con su mano. —Si no lo sabe, no puedo hacer nada al respecto. Solo le doy un consejo sincero.
Era una mujer que solo podía hablar en código, de una forma en la que Ignis no podía comprenderla a pesar de hablar el mismo idioma.
La mano de Ignis tembló, perdiendo la paciencia.
—Necesita tomar una decisión, ¿realmente planea casarse conmigo?
Sin embargo, ¿por qué es en momentos como este que el rostro de Celestine brota en su mente?
Su tersa frente, sus cejas, sus feroces pero amigables ojos, sus pequeños labios que sólo pronuncian divertidas oraciones.
<¿Por qué? ¿Por qué?>
No podía definir una respuesta por su cuenta, pero tampoco podía permitirse seguir pensando al respecto. Apretó su pecho, como si quisiera controlar su corazón.
—Debo casarme con la señorita.
Illea rió nuevamente.
—En ese caso, no tendría sentido regresar en un mes buscando la anulación del compromiso.
—Tal cosa no pasará.
—Si usted lo dice, nos casaremos.
¿No era ella quien se oponía al compromiso? Pero su aceptación fue fácil de obtener.
Ignis dudó por un segundo, pero pronto soltó sus pensamientos. Esto porque infirió que se había rendido, no era más que una relación por poder.
—Vaya y tenga cuidado con Sir Evan. —Sonrió ampliamente.
Era una brillante y hermosa sonrisa, pero Ignis no podía ver su rostro.
La imagen de Celestine seguía presente en su mente. Su rostro era más hermoso y más claro que el de la mujer frente a él.
Era extraño.
… Demasiado extraño.
Apretó ambas manos.
