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Capítulo53

Raws: Kat
Traducción: Kim
Corrección: Zue


Selena se giró hacia Ignis.
—¿Qué quiere decir?
Ignis sonrió decepcionado, sus manos tensándose.
—Digo que no me gusta. Ninguno de ellos, Rethio, el mercenario, Han, ese vecino tuyo o Khan.
—¿Khan? ¿Por qué no le agrada?
—¿No te das cuenta de que le gustas? —Gritó.
«Oh, ya veo. Entonces Ignis está…»
—Está celoso…
—No es así.
—Eso es lo que parece.
—Tch. —Ignis soltó su mano, sus orejas enrojecieron.
Sin darse cuenta, Selena río por lo bajo.
—Su Alteza, se está sonrojando.
—No mienta.
—Es demasiado obvio.
—Es porque estoy enojado.
«Así que este chico también puede sentir celos.»
Sintiéndose un poco extraña, Selena pasó su mano por el cabello de Ignis. La suave textura se enredó alrededor de sus dedos.
—No me acaricies.
—Creo que tengo que hacerlo.
—Eres tan molesto.
Ignis ocultó su rostro en el hombro de Selena, su caliente aliento podía sentir a través del fino material.
—Me enoja mucho más que no puedo odiarte.
Era un poco extraño.
Algo dentro de su corazón cosquilleo. La sensación era tan fuerte como para ser catalogada como un simple dolor.
La noche era oscura. Sin embargo, el rostro de Ignis brillaba.

* * *

—¡Berth!
Tan pronto lo vieron, Sheerin y Wells corrieron hacia él.
—¿Estás bien? ¿Dónde están los otros dos? —Sheerin se acercó y preguntó, paseándose su mirada por los alrededores.
Contrario a su preocupación, Berth parecía estar en buen estado.
—Oh, está bien... Creo que estoy mejor. —Respondió, sacudiendo su mano suavemente.
Antes de que el Príncipe pisara el círculo de magia, le entregó una poción.
[—Esto es por Celestine.]
Es lo que dijo.
Claro que Berth no consumió todo el contenido de inmediato, más bien colocó un poco de la poción sobre las flores en el suelo. Entonces, los pétalos marchitos empezaron a recobrar fuerza.
Reconociendo que se trataba de una poción de sanación, la bebió de un trago. Pronto sus heridas desaparecieron, junto al dolor en sus extremidades. Tampoco pasó por alto la forma en la que su cuerpo pareció recobrar la energía perdida.
«Me dieron algo bueno.» Pensó sonriente.
—¿Y el Príncipe? —preguntó Wells, mirando alrededor.
—Fue hacia Heath a través del círculo mágico.
—¿No vas a seguirlos?
—No. —Ante las palabras de Sheerin, Berth negó con la cabeza.
—Pero, ¿qué pasa si el Príncipe va tras nosotros? ¿No le dijiste todo antes? —Continuó Sheerin.
Berth frunció el ceño.
—Lo sé… Pero no nos seguirá.
—¿Estás seguro?
—Ni siquiera mencioné que descubrimos algo sobre el hijo de la Emperatriz, así que están en busca de la emperatriz, no de nosotros.
¿Oh? Tanto Sheerin como Wells estaban preocupados por el desenlace de la situación, pero parece que sus dudas carecían de fundamento.
—Por suerte no revelaste nada.
—No, no es eso. Apenas lo logré… —Respondió, recordando la conversación con Celestine. —Hice un trato con el perro del Príncipe.
—¿Un trato? —Sheerin preguntó de inmediato.
—Decidimos no decirle sobre la información con la condición de que salve a nuestros colegas del Duque.
—¿Qué gana él haciendo eso?
—Tampoco lo sé.
Wells entrecerró los ojos, preguntándose si era prudente confiar en el escolta o no.
Percatándose, Berth añadió.
—Es confiable. No, mejor dicho, es bastante extraño que se haya comportado de esa forma. Más, confió en él porque se veía desesperado.
—¿No tienes dudas al respecto?
—Claro que sí. Creo que tiene algo escondido, pero no tengo interés en descubrirlo. Tengo el presentimiento de que sólo aumentarán los problemas si lo hago.
—Hm… —Wells se cruzó de brazos.
Le parecía que Berth tenía un poco de confianza en ese sirviente, e intentaba darle una explicación a tal hecho. ¿Por qué podría ser? De pronto, una idea brotó en su mente.
—Espero que ese escolta no sea contra quien dijiste que perdiste.
—¿Qué pasa si eso es verdad?
—Deberías estar avergonzado.
—Ja. —Berth se burló.
Más Wells siguió analizando el escenario. ¿Cuál era la musculatura de ese hombre? Parecía un niño tan débil que caería ante el más mínimo golpe.
¿Cómo es que perdió un duelo contra alguien así? Wells estaba convencido de que Berth cometió una serie de errores para obtener ese resultado. Pero,
—Wells, nunca le ganarías si fueran a pelear. —Berth afirmó.
—¿Ah? —Wells levantó los hombros. —¿Me estás subestimando?
—No. Te estoy recomendando que no minimices su habilidad, es demasiado fuerte.
—¿Ese enclenque? No parece tener algún músculo en su cuerpo.
—La razón por la que lo juzgas es por su tamaño, entonces, ¿qué hace Sheerin? También es bastante delgada sin músculos prominentes, pero, ¿no es bastante fuerte?
—¡Eso…!
—También cometí el error de juzgarlo por su apariencia. Y perdí. Esta es la verdad, Wells. Los prejuicios son venenosos.
Como si se hubiera dado cuenta de sus pensamientos, Wells se sonrojó.
Sheerin se encogió de hombros al verlo reaccionar así.
—Me gusta.
—A ti te gusta todo.
—Te pasas, Berth. —Sheerin se giró hacia él y contuvo su risa, probablemente le recordaba a Celestine. —Me aseguraré de verlo más tarde.
—¿A Celestine?
Luego de mirar a Sheerin por unos segundos, Berth se volteó hacia Wells, quien se veía derrotado.
[Tch]. Chasqueó la lengua.
—Lo volveremos a ver tarde o temprano.
—Me parece bien. —Respondió Sheerin.
Seguida de las palabras desanimadas de Wells.
—Como sea, fallaste en tu misión.
—… Lo sé.
—Incluso si habló bien con el jefe.
—No se puede evitar el castigo porque fallé.
—Lo que importa es lo que piensa el cliente. Si el cliente dice que no le molesta, el jefe no reclamará mucho.
—¿Aún está en contacto con el cliente? —Berth miró a Sheerin.
—Eso es porque el pedido aún no ha sido completado.
—Santo cielo. —Berth pasó una mano por su cabello.
Con “cliente” se refería a la emperatriz.
Para ellos, la emperatriz era un cliente bastante importante. Además, el líder de la organización planeaba utilizarla como una entrada para la parte oculta del imperio en el futuro.
En su momento, Berth estuvo de acuerdo con el plan del líder, pero ahora…
—Debo seguirlos.
—¿Seguirlos? ¿Por qué?
Berth negó con la cabeza firmemente, recordando el poder del Príncipe. La forma en la que manejó una sombra oscura con solo el movimiento de sus manos.
—Está claro quién tomará el trono.
¿Qué pasa si el Príncipe no asciende al trono? Incluso si es mediante una rebelión, se llevará el poder.
—Debo seguirles el paso.
Suspiró.

* * *

«¿Por cuánto tiempo podría quedarse así?» Ignis analizó la situación habiendo regresado a la normalidad.
Se recostó sobre el hombro de Celestine, mientras éste acariciaba su cabeza.
«Esto es ridículo.»
Habiendo recobrado la cordura, fue capaz de percatarse de los errores que cometió. Pero eso nos significaba que iba a separarse de su cuerpo de inmediato. No, y tampoco quería.
Desde hace un rato tenía un mal presentimiento, en específico desde que vio a Celestine hablar con Berth como si fueran cercanos.
Verlos susurrar el uno al otro no le causaba una buena sensación. Ni se mencione el enojo que sintió cuando vio como le daba palmaditas en el hombro como si se conocieran desde hace tiempo.
La única razón por la que no se deshizo de Berth era Celestine, incluso limitó su fuerza al momento de manipularlo. Pero, ¿por qué Celestine se quedó al lado del mercenario en lugar de felicitarlo por sus esfuerzos?
Cuando su incomodidad seguía incrementando, Celestine tuvo que mencionar a Rethio. Eso fue lo que lo hizo explotar. Mientras las palabras salían una tras otra, menos comprendía su propio razonamiento.
¿Por qué le entristecía tanto?
«¿De verdad estoy solo?» Ignis río por lo bajo.
Era imposible. Algo como los celos solo surge a partir del amor. No hay forma en la que pudiera sentir esas emociones por otro hombre. Eso es solo…
No lo sabía. Solo tenía claro que sus sentimientos no podían ser descritos. Sí. Ignis encontraba consuelo en decir que eran emociones aún no descubiertas.
—Suficiente. —Ignis separó su rostro del hombro de Celestine.
Por alguna razón, se sintió vacío. Similar a cuando Celestine se apoyó en su hombro para dormir y luego se apartó.
«No me gusta eso.»
Ignis relamió sus labios y acomodó su desalineado atuendo.
—Lo entiendo, Su Alteza.
Al escuchar la voz de Celestine, Ignis levantó la cabeza rápidamente.
—El hechicero es el único amigo de Su Alteza, así que comprendo por qué estás cosas pueden suceder.
—¿… Qué?
—Los amigos pueden sentir celos. Es normal que se enoje al ver que soy cercano con otras personas aparte de usted. Me ha pasado antes.
—…
Selena suspiró.
No era una idiota. Es por eso que pensó muy bien sobre la actitud de Ignis antes de llegar a una conclusión.
«No es como si le gustara de ese modo.» Pensó, convenciéndose de que los celos de Ignis nacían de su posesividad. «Me conoce como un hombre, no puedo gustarle.»
Cuando volvía a verlo desde esa perspectiva, se sumía en confusión nuevamente. Sin embargo, se aseguró de recuperar la compostura.
—Es bueno que Su Alteza se preocupe por mí, más —Se giró hacia Ignis. —Debe saber que, si de verdad le agrada alguien, debe alegrarle la idea de que hayan más personas que se preocupan por él.

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