
Traducción: Kim
Corrección: Zue
Raws: Kat
Selena lo siguió en silencio, observando la espectacular vista a través de las grandes ventanas.
—¿Quiénes son estas personas?
Frente al Palacio Imperial, había una extensa línea de personas. Cada una de ellas vestida en un atuendo similar; sin embargo, era difícil distinguir si se trataba de nobles o plebeyos.
—Esos son periodistas, vinieron tan pronto se enteraron de la noticia.
—Imposible.
—Me aseguraré de cubrir tu rostro.
Al escucharlo, Selena frunció el ceño por un segundo, para luego recuperar su compostura original.
—Es como si no tuvieran nada mejor que hacer.
—¿Cómo si no tuvieran nada mejor que hacer? Hablas de esa manera porque no te das cuenta de lo famoso que eres ahora.
—¿Quién se emocionaría al ver a alguien que no vale un centavo luchando?
En lugar de responder verbalmente, Ignis río.
—De cualquier modo, es solo un duelo. Dudo que sea razón suficiente para llamar la atención de tantas personas. Son demasiado raros. —Habló Selena desinteresada.
—No, no es solo un duelo. —Dijo Ignis. —Es un enfrentamiento entre el Duque y yo. —Suspiró.
Desde que contrató a Celestine, varios rumores con intenciones maliciosas empezaron a surgir. Resaltando entre ellos los que mencionan la pérdida de poder del Príncipe, la manera en la que el Emperador parecía ignorarlo y como tuvo que recurrir a tomar prestado el nombre de Evan.
Ignis apretó el puño. Por alguna razón desconocida, tenía la necesidad de demostrar el talento de Celestine. Lo había intentado numerosas veces en el pasado, pero no fue suficiente.
Incluso llegó a considerar rendirse a la mitad del camino; sin embargo, el Duque desplegó la oportunidad perfecta.
Sir Celestine ganará. Y ese será el primer paso para convertirse en un gran monarca, reconocido junto a su excepcional caballero.
Con un escenario servido en bandeja, Sir Celestine debía declararse vencedor a como dé lugar. Esa era la idea de Ignis.
—Celestine.
Selena levantó la mirada hacia Ignis.
—Debes ganar.
Al sentir la determinación en sus palabras, Selena frunció el ceño.
Claro que era consciente de las emociones que lo llevaban a hablar de tal manera; sin embargo, no podía evitar creer que estaba enojada al escuchar la misma oración una y otra vez.
—Ganaré, eso está claro. No hay nada de qué preocuparse.
—Recuerda no matarlo tan pronto.
Selena solo sonrió y asintió.
Quizá era el momento de dar un paso al frente y presumir sus habilidades, pero Selena nunca tuvo la intención de hacer eso.
¿Por qué hacer un problema y utilizar la fuerza repetidas veces? Si un golpe era suficiente para terminar el trabajo, así debería hacerse.
Era inevitable mostrar su talento en un duelo de esa magnitud, más no quería exagerar.
Como ya había dicho, solo se estaría complicando la vida yendo en esa ruta. El duelo en sí fue suficiente para atraer la atención de los periodistas, ¿qué pasaría si fuera a obedecer la sutil orden de Ignis?
Con tan solo imaginarlo, un escalofrío recorrió su cuerpo.
Selena se giró hacia Ignis, observando como este acomodaba sus lentes en el puente de su nariz y la miraba mientras escribía.
Parecía sonreírle de vez en cuando. No, estuvo así el día entero. No solo eso, sino que también la veía con ojos gentiles.
[Me gustas].
Lo que le dijo en el pasado resurgió en su mente. Era ridículo de admitir, pero esas palabras rozaron su corazón.
Claro que no era racional sentirse de esa manera, pero se creía culpable. Todo este tiempo, Ignis la consideró una leal y sincera subordinada, un ejemplo perfecto.
Las comisuras de sus labios temblaron ligeramente. Pronto sintió una punzada en su pecho, generada por su propia consciencia.
—¡Ah!
Selena estiró sus brazos. En eso, los ojos de Ignis se posaron en ella.
—¿Recuerdas la apuesta que hicimos la otra vez?
—¿… La apuesta?
—Sí, la apuesta.
Selena sonrió.
—La apuesta de a quién le gustaría el otro primero. ¿Eran acaso 10 monedas de oro? Jaja.
Esa cantidad no solo era suficiente para pagar las medicinas que Rose necesita, sino que también sus gastos para sobrevivir.
Extendiendo sus palmas hacia Ignis, Selena sonrió ampliamente.
—Diez monedas de oro. Por favor, deme el pago completo.
Ignis miró a Celestine y luego sus palmas.
—De verdad…
La noche anterior se dejó llevar por el ambiente y pronunció aquellas palabras, pero ahora…
—Has enloquecido. Ah, está bien. Supongo que no podrías sobrevivir aquí si no estuvieras loco. —Suspiró, por su mirada se podría decir que estaba ligeramente ofendido.
Selena insistió, apretando los labios y mirándolo a los ojos.
—Terminemos con esto, está bien. Diez monedas de oro.
En una situación similar, otros caballeros hubieran dicho “no lo aceptaré, el aprecio del maestro es más importante que el dinero”. Pero Selena nunca se comportó de esa manera.
—Sí, muchas gracias. Su Majestad es el mejor.
¿Ah? Ignis hizo una mueca, una que Selena pretendió ignorar mientras calculaba el valor de las monedas de oro.
—Te daré las diez monedas de oro.
—Sí. El dinero hace que olvides cualquier problema. Puedo hacer cualquier cosa si hay dinero de por medio.
Ignis sonrió debido a lo absurdo que era el comentario de Selena. Entonces, su frío semblante se suavizó un poco, pareció recordar el trasfondo pobre de Celestine.
—Te has convertido en un caballero Imperial, no hay necesidad de ir detrás del dinero. Desde este mes en adelante, tu salario será diez veces mayor al que solías recibir.
Los ojos de Selena se abrieron de par en par. Si fuera diez veces mayor, eso significaba que era un montón. Intentó calcular la cifra exacta en su mente.
—Si te demoras más de 10 minutos en ganar este duelo…
—¿Qué pasará?
—Te daré 50 monedas de oro.
—Su Majestad. —Selena se acercó hacia Ignis, tomándolo de las manos. —¿Ya le dije que lo amo?
Realmente estaba cegada por el dinero.
Su molestia se convirtió en interés. ¿50 monedas de oro? Ese dinero era suficiente para pasar un año sin preocuparse por sus gastos.
—Daré lo mejor de mí, utilizaré toda la fuerza que tengo.
Ignis se sintió satisfecho al ver la determinación en el rostro de Celestine.
Es entonces que,
—¡Su Alteza!
La puerta se abrió repentinamente y de esta emergió una persona con cabello rubio, quien se acercó a Ignis.
—¿Qué está pasando? ¿Tiene un problema con el Duque? ¡Ni siquiera han pasado unos cuantos días desde que le recomendé mantener el perfil bajo! —Exclamó. —¿Y de dónde salió la idea del duelo? ¿Crees que él será suficiente para derrotar al escolta del Duque? ¡Lo más probable es que muera en el intento! ¡Entonces, la reputación de Su Majestad estará por los suelos…!
—Ruan. —Frunciendo el ceño, Ignis lo llamó.
Oh, así que este es Ruan.
En “Canción de Luna” no tenía relevancia, pero fue mencionado como el leal ayudante de Ignis. Al final, cuando Ignis fue ejecutado, él también murió. Lo más probable es que haya sido por suicidio.
Por alguna razón, Selena se sintió extraña.
Todo el mundo estaba viviendo y respirando frente a ella, algunos de ellos morirían y otros continuarán viviendo.
La muerte era un tema de risas para muchos, pero eso no cambiaba la severidad del asunto. La muerte es la muerte, un hecho que no es reversible.
Al conocer el final que les esperaba, no podía evitar los escalofríos recorriendo su cuerpo al verlos moverse de esa manera.
«Ese final no debe suceder».
Se juró a sí misma nuevamente. Para lograrlo, decidió convertirse en la escolta de Ignis y mantener una relación cercana con Rethio. Claro que al principio solo se preocupó por ella misma y su familia. Pero ahora era diferente.
—Ah, no lo sé, de verdad no lo sé. Si las cosas terminan mal esta vez, no me haré responsable de guiarlo fuera de este problema.
—No hay ningún problema.
—¿Cómo es que planea vencer al escolta del Duque con ese medio centavo? —Ruan se quejó en un exasperado llanto.
Selena se mordió la lengua, para luego agitar sus manos frente a los ojos de Ruan.
—Ese medio centavo está aquí, mira.
—¡Santo cielo! —Ruan se giró sobre sus pies, claramente sorprendido. Parece que ignoró su presencia en la habitación.
—Bueno, entiendo que esté preocupado por las actitudes del Príncipe, pero…
—O-Oh, ya veo. Estaba equivocado.
Selena ladeó la cabeza ante el inesperado cambio de actitud por parte de Ruan. Al mismo tiempo, este retrocedió hasta que su espalda chocó contra la pared, siempre evitando el contacto visual.
—… Si bien fue inesperado, era algo que iba a pasar tarde temprano. No puedo permitir que describan al caballero de Su Majestad como un incompetente.
—¿E-Es eso así? —Dijo Ruan, aun temblando.
Se veía aterrorizado, como si acabara de cometer un crimen y estuviera frente a frente con quien lo iba a ejecutar.
Selena frunció el ceño. Claramente no estaba disfrutando del primer encuentro entre ambos que se transformó en un espectáculo gracias a la extraña actitud de Ruan.
Al notar su mirada, Ruan dio un pequeño sobresalto y se apresuró para despedirse de Ignis con una reverencia.
—S-Sí, debo retirarme. Hay varios temas pendientes.
Con esas palabras, sale corriendo de la habitación.
—Celestine. —Ignis, quien estaba observando a Ruan con la misma expresión, dijo. —¿Alguna vez golpeaste a Ruan sin que yo lo supiera? —Se veía realmente serio. —No se comportaría así de lo contrario. —Continuó hablando, sin darse cuenta de la confusión de Selena. —Puede llegar a ser molesto, pero no es una mala persona. No puedo creer que lo hayas golpeado hasta que tiemble con solo verte. De verdad…
Selena suspiró en vano.
—Lo siento tanto, pero, ¿ha enloquecido? —Dijo, revolviendose el cabello.
