
Raws: Kat
Traducción: Kim
Corrección: Zue
Selena sonrió, satisfecha con sus pensamientos. Entonces, al levantar la mirada, se encontró con Ignis, quien la estaba mirando directamente.
—¿Por qué me mira de esa forma?
—Creo que tu rostro ha mejorado.
Sin percatarse, Selena relajó sus músculos.
—Antes tenías una expresión extraña.
—¿Me está juzgando?
—No, no quiero decir que tu rostro sea extraño en sí. —añadió Ignis. —Solo que la ansiedad en este desapareció.
Oh. Selena sintió un pequeño golpe en las paredes de su pecho. Hasta entonces… ¿Estuvo nerviosa? Sí, lo estaba.
Se preguntaba si podría continuar viviendo de esta forma, si era correcto usar el nombre de Celestine. La ansiedad aumentaba con cada situación que pasaba . No creía ser capaz de soportar la presión que era llevar el honor de su padre, pero esas emociones se disolvieron en ese instante.
Abrumada por sus sentimientos, Selena giró la cabeza y tosió.
—Te queda bien, procura mantener ese rostro a partir de ahora.
—¿Es una orden?
—Un pedido como un amigo.
Selena apretó su pecho porque la sonrisa de Ignis era tan refrescante y atractiva. ¿Cómo se atrevía a pronunciar palabras tan amables con un rostro tan hermoso?
Era peligroso. Esa consideración también.
Rápidamente, apartó la mirada y recobró la compostura. “Mantén el control”, se murmuró a sí misma al suspirar.
—Rezaré por la salud de sir Evan. —Habló Ignis.
En un intento por aliviar la atmósfera, Selena bromeó.
—Si el Príncipe reza, no sé si Dios lo escuche.
—Ese comentario justo ahora… Podría tomarse como un insulto hacia la familia real…
—Se lo dije como un amigo, no como su escolta, Su Alteza.
—Nunca te dejas ganar, ¿verdad?
Selena sonrió.
—Gracias.
Ignis se quedó mirándola, sin preguntarle qué es lo que agradece exactamente. Dentro de sí, ya conocía la respuesta.
«Pero…
No merezco que me agradezcan.»
Pensó Ignis. Chasqueó la lengua y ocultó sus ideas tras una sonrisa.
—Está bien.
Tosiendo, se libró de los residuos de sus emociones.
—Si te sientes mejor, ven al Palacio imperial mañana, tengo algo para ti.
—¿Para mí? —Selena ladeó la cabeza.
—Saberlo de antemano le quitaría la gracia. —Con eso, Ignis tomó la perilla de la puerta. —Sir.
Habló sin voltear hacia Celestine, quién lo seguía con la mirada.
—Quiero decir… —Se giró, mirándola de reojo. —No eres el único que está agradecido.
Por alguna razón, un extraño sentimiento lo invadió, haciendo que se apresurara en abrir la puerta.
—Hm, me retiro.
«Así que esta es la manera en la que da las gracias. Qué adorable.»
Selena río al observar a Ignis, quien abrió la puerta y se marchó con pasos largos.
Se sentía bien, tanto así que podría olvidar lo que sucedió por unos cuantos días.
* * *
Al salir de la casa de Celestine, Ignis no regresó al Palacio Imperial.
—¿Vamos a la mansión de Enoch? —preguntó Ruan, esperando en el carruaje.
Ignis asintió.
Tras darle las órdenes al jinete, Ruan tomó asiento frente a Ignis.
—¿Por qué evades a Sir Celestine? —Inquirió Ignis, separando su mirada de los documentos que estaba analizando por un segundo.
Tan pronto lo escuchó, Ruan dejó salir un pequeño quejido, como si fuera lo más absurdo posible.
—¿Es una pregunta seria?
Ignis lo miró fijamente, a través de sus lentes.
—Cada palabra que dices lleva más audacia que la anterior.
—No, lo lamento. Es solo que… Pues, verá… ¿Por qué he estado evadiendo a Sir Evan…? —Ruan también lo miró, mientras tropezaba sobre sus palabras.
Ruan no se atrevía a mirar cara a cara a Celestine, porque cada vez que lo hacía una punzada de culpa atravesaba su corazón. Incluso creyó que revelaría la verdad sin darse cuenta.
Todo porque cometió un error.
Maldiciendose de esa manera, Ruan recordó el momento en el que Celestine Evan captó la atención del Príncipe.
¿Qué es lo que dijo en ese instante?
¿No mencionó algo sobre encontrar la forma para mejorar las habilidades de Celestine, sea el costo que sea?
Por lo tanto, Ruan no tuvo más opción que obedecer.
—Su Majestad, ¿no sabe que forcé la entrada a la casa de Sir Evan? Fue la primera vez que entré a la residencia de alguien sin permiso, ¿sabe lo difícil que fue?
—Nunca te pedí que lo hicieras.
Enojado, Ruan apretó los dientes.
—Ah, sí, sí claro. Todo es mi culpa. Mi culpa por tomar al paciente, Evan, y ponerlo en un lugar donde los monstruos podían atraparlo. Sí, soy un asesino.
—Tampoco te pedí que hicieras algo así. No, ¿por qué no me dijiste que Sir Evan estaba enfermo en primer lugar?
—Eso… —Relamió sus labios. —Ah, es eso. Simplemente hice lo mejor que pude hacer en esa situación. —Ladeó la cabeza. —Y al final, salió bien, ¿no cree?
Frunciendo el ceño, Ignis soltó los papeles que tenía.
Cuando los monstruos invadieron, le dio a Ruan el explícito comando de “no importa lo que suceda, lleva a Sir Celestine contigo”.
¿Y qué es lo que hizo Ruan?
Robó a Evan, un paciente con demencia, para llamar la atención de Celestine. Algo que claramente no quería.
Pero, ¿qué podía hacer? Lo que estaba hecho no podía deshacerse, sin importar lo que hiciera.
Lo único que podría intentar para aminorar el problema es contribuir con las medicinas de Evan.
Pero, ¿eso será suficiente para calmar el peso de sus errores?
Ignis frunció el ceño.
Sin embargo, mientras tanto, no podía hacer más que cubrir los ojos y oídos de Celestine.
—Procura que Celestine no te descubra.
—Dudo salir vivo si se da cuenta.
—Sólo ten cuidado.
Ignis suspiró, desabrochando los primeros botones de su camisa. Entonces, presionó su frente con la intención de aliviar su dolor de cabeza, más esto no funcionó. No, quizá no se trataba de un dolor de cabeza, sino uno de corazón.
El área que siempre consideró vacía, sin la capacidad de sentir, ahora mostraba un malestar ajeno a él.
—¿Planea llamar a los elfos, Su Majestad? —Al mirarlo, Ruan sonrió.
—No, no hay necesidad. La familia Imperial ya cuenta con un doctor, ¿no es así?
Le había prometido a Celestine que llamaría a los elfos para que ejecuten el tratamiento de Evan. Sin embargo, ya había elfos residiendo en el Palacio Imperial. En conclusión, solo necesitaba notificarles para que fueran de inmediato.
—Por eso no tuvo más opción que estar bajo mi mando.
Más no lo hizo. Sabiendo que Celestine podría retirarse si le presentaba al elfo de inmediato, prefirió no hacerlo.
Ahora que lo pensaba…
Quizá Celestine se hubiera quedado. Sí, sus valores son justos y sinceros.
«No estoy actuando como yo.»
Río, mirando su reflejo en la ventana del carruaje. Pronto, sintió la culpa intentando escapar por su garganta.
—Tan pronto regresemos, enviaremos un elfo. No habrá de qué preocuparse.
Al ver a Evan, su determinación se consolidó. Luego de volverse más cercano con Celestine durante el viaje a Heath, empezará el tratamiento de Evan. Ese era el plan.
—¿Qué le explicará cuando se dé cuenta más adelante?
—No lo sabrá.
Ruan suspiró por un largo tiempo, chasqueó la lengua y desordenó su cabello.
—Sería asombroso que Evan sepa sobre esta parte de Su Majestad.
Lo sé, lo sé mejor que cualquier otra persona.
Sin embargo, no había vuelta atrás. ¿Cómo podría confesar sus acciones?
De hacerlo, Celestine podría alejarse. Tal vez lo culparía, lo acusaría de traicionar su confianza. Y ese escenario no era uno al que quería enfrentarse. Jamás.
—Debes mantener el silencio. Nunca, nunca dejes que lo sepa.
—Entiendo, mis labios están sellados.
Ignis se recostó sobre el respaldo del asiento, con su cabeza mirando hacia el techo.
—…Lo hice por Celestine.
Al pronunciar esas palabras, sintió como su corazón se calentaba. Él mismo sabía la verdad. Estaba mintiendo.
Ha vivido tanto tiempo de la misma forma. Creyendo que no importaba lo que tuviera que hacer con tal de conseguir lo que quería.
Pero ahora se sentía extraño.
La culpa se había enraizado muy dentro de él y no estaba acostumbrado a esa sensación.
¿Es lo que hizo realmente lo correcto?
«Maldición».
No, lo sabía. Sabía que lo que hizo estaba mal. Incluso si no lo hacía porque quería, seguía siendo su culpa al final.
Ignis tomó aliento.
—No, fue por mí. —Rio amargamente.
Cuando la noche pintó el cielo, solo el sonido de las ruedas del carruaje rozando contra el suelo podía escucharse.
* * *
Cuando vio que Ignis se marchó, Selena golpeó la puerta detrás de la que Celestine se había ocultado.
—Ya puedes salir.
Al escuchar su voz, este levantó la cabeza y miró a su alrededor.
—¿Ya se fue el Príncipe? ¿No dijo nada?
—No escuchó nada, así que no te preocupes. ¿Qué hay de Rose? —Selena preguntó a la vez que inspeccionaba la habitación.
Similar a Evan, Rose estaba echada en cama y respirando lentamente.
—Está bien, no ha empeorado.
Selena frunció el ceño, recordando la charla con Ignis.
—Traeré más dinero mañana, así que compra más medicina con eso.
—¿Qué?
