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Capítulo58

Raws: Kat
Traducción: Kim
Corrección: Zue


Gracias a la ayuda de Ignis, Selena se quedó por su cuenta en su habitación. Este la empujó dentro del cuarto tan pronto escuchó que “le avergonzaba mostrarle su cuerpo desnudo a una mujer”, su rostro fuertemente sonrojado.
[Tsk]. Selena chasqueó la lengua.
Entonces giró la cabeza hacia el vestido colgando en la pared. Quería pensar un poco más sobre el comportamiento de Ignis, más ese no era el momento. Por ahora, debía concentrarse en su misión.
Tomó la prenda, era un vestido usado por mujeres sin rango. Carente de decoraciones o distintas texturas, más era especial para ella.
Desde que se dedicó a su práctica en la esgrima, los vestidos se convirtieron en atuendos ajenos. Tanto que solo los veía en otras personas.
—Es como si fuera mi primera vez usándolo. —Se burló por lo bajo, recordando que fue ella misma quien se rehusó a usar un vestido por cerca de una década. —¿Cómo me lo pongo? —Alternaba su mirada entre los distintos detalles del vestido, pronto encontrando los botones y deshaciéndolos uno por uno.
Forzándose a sí misma a recordar el proceso, se lo colocó. Aun así, parecía que su cuerpo hizo un mejor trabajo que ella, acomodándose fácilmente a la silueta de la prenda. Luego de enrollar la falda, puso su espada alrededor de su cintura, aunque moverse era un poco incómodo.
Se miró a sí misma en el espejo, percatándose de lo obvio que era su falta de descanso durante la noche anterior.
«Eso no importa.»
Tocó la tela del vestido entre dos de sus dedos, de pronto sintiéndose un poco incómoda.
—Es la primera vez que uso un vestido luego de usar pantalones…
Era como si estuviera usando algo que no estaba hecho para ella.
[Tsk.] Chasqueó la lengua otra vez y se acercó al espejo.
—¿Debería amarrar mi cabello?
Su cabello era lo suficientemente largo para rozar su hombro, pero no podía hacer una trenza o una cola alta con eso. Sin embargo, no necesitaba un peinado extravagante.
Sin mucho esfuerzo, Selena trenzó unos mechones y, tras acomodar los cabellos sueltos, se miró al espejo.
—… Es una chica. —Sonrió amargamente.
Ahora que lo pensaba, se había distanciado demasiado del pasado. No pudo evitar rememorar ese entonces, donde estaba molesta con su propio género.
En un mundo donde preferían a los atletas masculinos en lugar de las femeninas. Una sociedad que amaba beneficiar a los hombres y era estricta con las mujeres.
Incluso si un hombre fuera a cometer un error que le afectara, la gente acallaría sus quejas alegando que “los hombres son así”.
Si hubiera sido un hombre, no habría sufrido tanto como lo hizo. Ese era el pensamiento de Seo Eunha.
Cuando nació como Selena, estaba frustrada de no haber nacido como un hombre. En realidad, quería vivir como un hombre.
Se rehusaba a usar vestidos, aferrándose a los pantalones. Afortunadamente, Simon, su padre, la comprendió. Por esa razón, no fue un problema vestir como un hombre al momento de ingresar a la caballería.
Sin embargo, seguía siendo una mujer frente al espejo. Aunque cambie todo, nada de verdad es diferente.
«¿Qué pasa si revelo que soy una mujer?»
No era solo Ignis quien sería afectado, tanto los caballeros imperiales como sus padres estaban impuestos en su mentira.
«No tengo más opción que seguir ocultándolo.»
Era su única escapatoria. Y con ese murmullo, Selena salió de la habitación.
Se giró una última vez hacia el espejo, solo encontrándose con una señorita con vestido y cabello arreglado.

* * *

Tan pronto como salió del cuarto, vio a una mujer de cabello largo y marrón. Lo que era inusual es que llevaba puesta una capa sobre su cuerpo, previniendo que pueda ver su atuendo completo.
—Imposible. —Selena se apresuró. —Como esperaba, lo hizo.
Al escuchar las palabras de Selena, Ignis pausó por un momento y giró lentamente.
—…
Selena se quedó boquiabierta, incapaz de cerrarla mientras recorría su mirada por la figura de Ignis.
Llevaba puesto una peluca, de cabello ondulado y marrón, que llegaba hasta su cintura. El maquillaje contrastaba su pálida piel, haciendo que resaltaran sus rojos labios. Sin embargo, no se veía extraña, más bien, le quedaba bien, porque sus facciones eran preciosas desde el inicio.
Además, era una bendición que se haya puesto una capa ya que la figura de Ignis era más amplia que el promedio. Al cubrir la parte superior de su cuerpo con tela, podía desviar la atención a otros detalles de su apariencia.
—Su Alteza, de verdad… —Selena levantó el pulgar. —Es hermoso, mire ese rostro.
Pero Ignis no respondió. Cuando vio a Selena, giró la cabeza hacia el lado contrario.
«¿Qué le sucede?» Selena se encogió de hombros.
—Oh, ya salieron. —Era la voz de Hugo. —Les queda bien, estaba preocupado por esa persona.
«La diferencia es que yo soy una mujer e Ignis un hombre.» Selena se esforzó por contener la carcajada al percatarse de ese hecho.
—Gracias a ti podemos infiltrarnos, muchas gracias.
—Ni lo menciones. —Hugo sonrió. —Si va al centro, podrá ver a las mujeres reuniéndose. Lleven esto con ustedes. —Les entregó una canasta de pan.
—Pagaremos cuando estemos de regreso.
—No, ¿cómo podría cobrarles?
—Acepta cuando te dicen que te van a dar algo. —Ignis tomó la canasta y sacó unas cuantas monedas de oro de su manga. —¿No te da vergüenza hacer que otras personas se pongan esta clase de vestidos? —Entonces se las entregó a Hugo con brusquedad. —Tómalo como el precio de los vestidos, vámonos Celestine.
Luego de asentir hacia Hugo, Selena fue tras Ignis.

* * *

—Creo que lo mejor será quedarnos en silencio. —Sugirió Selena, yendo tras Ignis.
Este respondió sin darse la vuelta.
—¿Por qué? ¿Lo dices por mí?
—No es eso, solo para evitar la mala suerte.
—Eres muy ruidoso.
Selena río.
—Bueno, no es solo por esa razón. Más bien es por su voz, es muy grave, Su Alteza.
—Eso es cierto. —Ignis asintió.
—Su Alteza se ve muy bien, ¿cómo es que el cabello largo le queda tan bien? —Mencionó, acercándose hacia él.
Tan pronto lo dijo, Ignis se apresuró a caminar, alargando la distancia entre ambos nuevamente.
—¿Por qué camina tan lejos? Vayamos juntos.
Sin embargo, Ignis la ignoró porque no quería caminar junto a Celestine.
Cuando el contacto de Hugo le ayudó a vestirse y ponerse el maquillaje, creyó que no sería suficiente para engañar a nadie. Claro era alto y sus hombros amplios, pero, si miraba solo su rostro, era bastante hermoso.
«Obviamente mi apariencia no sería opacada.» Pensó arrogantemente.
Más, cuando Celestine salió de la habitación, Ignis supo que estaba equivocado. La persona más hermosa no era él, sino Celestine.
Creyó que se quedaría ciego y su corazón se detuvo. Era tan hermoso por su cuenta, sin la necesidad de maquillaje, ni vestidos apropiados, tampoco necesitaba arreglar su cabello.
Es por eso que la apariencia actual de Celestine fue directa hacia su corazón. Incapaz de controlar el calor esparciéndose por su rostro, ni la aceleración de sus latidos, suspiró y desaceleró sus pasos.
—Es porque estas ropas son incómodas. —Dudó al hablar, frunciendo el ceño.
Para su fortuna, Celestine estuvo de acuerdo.
—Pienso igual, creo que es porque oculté la espada bajo la falda.
Ignis lo miró de reojo. Celestine era un hombre, un hombre usando vestido. Entonces, ¿por qué se veía tan precioso? No podía comprenderlo.
«¿Es esto a lo que se refieren con dos gotas de agua?»
De cualquier modo, ¿no es demasiado? ¿Confundir a un hombre con una mujer?
Ignis rodó los ojos y mordió su labio inferior. En lugar de preguntarse por qué le gustaba Celestine, le preocupaba el haberse enamorado de un hombre.
Se preguntó si su inclinación fue así desde un inicio, o si Celestine fue quien lo cambió, más la respuesta no llegó a él fácilmente.
¿Alguna vez ha tenido una conversación apropiada con una mujer? ¿Ha salido con alguna? Con esas respuestas, ¿no es estúpido cuestionar su sexualidad?
Ignis se rindió de inmediato, girándose hacia Celestine.
—Por cierto, Su Alteza. —Pero Celestine insistió. —¿Tiene otra muda de ropa preparada? Me aseguré de preparar unos pantalones para mí. —Susurró sobre su nuca.
No era algo fuera de lo común, pero Ignis perdió la cordura por unos segundos. Sin embargo, la voz rozando contra los cabellos de su cuello hicieron que su mente se nublara.
Ignis suspiró y logró calmarse un poco.
—¿Su Alteza?
«¿Qué le sucede?» Selena frunció el ceño, desde el día anterior está viendo a Ignis actuar extraño.
—Hice lo mismo, me puse un abrigo encima a propósito.
—Ya veo. —Selena finalizó el tema. —Me alegra que las cosas estén marchando más rápido de lo que pensé, creí que nos tomaría un mes.
Claro que su motivación principal era quedarse lejos de la capital por un largo tiempo.
—De cualquier forma, espero que esto ayude a Su Alteza. —Continuó.

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